martes, 7 de diciembre de 2010

Continúan los testimonios

“Eran unos cinco, con botas”

María del Carmen Vidal, madre de Jorge Watts, sobreviviente del Vesubio, fue la primera testigo. Con sus 82 años y una increíble vitalidad, contó que una patota tocó a su puerta la madrugada siguiente del secuestro de su hijo Jorge. Ella preguntó quién era, a lo que recibió como respuesta la amenaza de tirarla abajo. “Eran unos cinco, con botas”, describió y le preguntaron donde estaba su hijo, pero Jorge ya había sido secuestrado ese mismo día por la tarde. También contó sobre las averiguaciones que llevó adelante hasta que su hijo apareció detenido en la Unidad 9. “Yo no quisiera acordarme más de esto, pero no queda más remedio” reflexionó María del Carmen.

A continuación fue el turno de Sergio Ortiz, secretario político del Partido de la Liberación (ex Partido Comunista Marxista Leninista, antes Vanguardia Comunista). Ortiz repasó la historia del partido y de sus militantes, y detalló que son 19 los “compañeros de Vanguardia Comunista desparecidos”. Y fueron 12 o 13 los estudiantes de la Facultad de Ingeniería que pertenecían a Vanguardia Comunista y fueron víctimas de la represión ilegal. Por aquella época Luis Cristina era el secretario general de la organización.

También aclaró que el 24 de marzo de 1976 se dictó un decreto-ley que disolvía al Partido Comunista Marxista Leninista (ex Vanguardia Comunista).

30 de noviembre de 2010
Madre e hija
Susana Laxague fue detenida junto a su hija, Marina Kriscautzky, y su pareja, Rubén Kriscautzky. Susana y Marina declararon en la audiencia. Rubén se encuentra desaparecido.

La noche del 14 de agosto de 1978 había pasado por su casa la mujer de Hugo Waisman a contarles y advertirles sobre el secuestro de su marido y sobre una “secuencia” de varias detenciones que estaban sucediendo. En la madrugada de esa misma noche una patota se hizo presente.

Susana contó que fue llevada junto a su hija en un auto hacia el Vesubio. En el camino, la caravana de vehículos se detuvo en varias oportunidades, posiblemente para realizar otras detenciones. La testigo relató, entre otras cosas, que en el baño del centro de detención había un libro de Leopoldo Marechal colgado de un alambre para ser utilizado como papel higiénico. También contó que le permitieron despedirse de Rubén.

Las partes le preguntaron a Susana sobre los gritos que se escuchaban en el Vesubio, a lo que respondió: “son recuerdos que he tratado de no tener presentes”. Luego contó que envió varias cartas a distintos obispos por la desaparición de Rubén. Solo uno de ellos le respondió “de manera racional, el resto nos recomendaron que rezáramos”, indicó.

Por último agradeció al tribunal y también el funcionamiento de la justicia, y remarcó la “liberación emocional que sería saber donde están los restos” de su marido.

Luego declaró Marina, la hija de Susana, quien fue llevada al Vesubio junto con su papá y mamá cuando tenía 13 años. Marina relató que también llevó a su perrita, descripción en la que muchos sobrevivientes coinciden.

A pesar de las tres décadas que han pasado, la memoria de Marina sobre aquel momento traumático se conserva intacta. Ella describió con asombroso detalle la ropa que estaba usando aquella madrugada del secuestro, pero aclaró: “todo el recuerdo lo tengo en silencio, como una película sin sonido”, junto a un “recuerdo vago de gritos espeluznantes”.

Un 29 de noviembre, pero hace 33 años

Eva Reynolso, esposa de Roberto Luis Gualdi, contó como aquella madrugada del 18 de agosto de 1978 golpearon la puerta de su casa y al grito de “policía” un grupo de personas armadas entró, revisó toda la casa y sin ningún tipo de explicaciones se llevó a su marido. Roberto permaneció desaparecido 23 días, luego de los cuales apareció en una comisaría de Villa Insuperable, y de allí fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata. Eva murmuró entre lágrimas “la nena lloraba, preguntaba por el papá”.

A continuación, Marta Potenza, hija de Antonio Ángel Potenza, indicó que precisamente un 29 de noviembre secuestraron a su papá, 33 años atrás. Relató en detalle el momento del secuestro y describió que le pusieron un trapo en la cabeza cuando se lo llevaron. Al día siguiente Marta intentó hacer la denuncia ante una comisaría de Merlo pero no se la tomaron y le dijeron “‘este tipo de cosas pasan, tiene que esperar unos días y va a aparecer’”, explicó la testigo y agregó: “nunca más volvimos a ver a mi papa”. Las próximas noticias que tuvo de su padre fueron en el proceso judicial de 1985, pero Marta evitó el contacto con sobrevivientes del Vesubio porque “lo que leí en el diario del Juicio a la Juntas era terrible”, afirmó.

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