martes, 29 de junio de 2010

Osvaldo Bayer declaró por elcaso de ELISABETH KäSEMANN

“Pidieron plata por el cuerpo”

El escritor y periodista se presentó como testigo en el juicio por los crímenes de El Vesubio. Habló sobre el secuestro y asesinato de la joven alemana y señaló que, durante la dictadura, ese país privilegió los negocios.
Por Victoria Ginzberg

Elisabeth Käsemann nació en Alemania. Era hija del teólogo más importante de la Iglesia Evangélica de ese país. Vino a estudiar a Buenos Aires en 1968 y trabajó en las villas miseria de Wilde, Lomas de Zamora y Retiro. El 9 de marzo de 1977 fue detenida y llevada al cuartel militar de Palermo y después al centro clandestino de detención El Vesubio. Su cuerpo apareció luego de que los militares informaran de un falso enfrentamiento. Su padre fue a buscarlo a la embajada alemana. “¿Cómo puede vivir en un país en el que hasta le cobran para retirar el cadáver de alguien que ellos mismos asesinaron?”, le preguntó Ernst Heinrich Friederich Käsemann a Osvaldo Bayer, luego de contarle que un oficial le había pedido 20 mil dólares para devolverle los restos de su hija. El escritor, periodista y columnista de Página/12 lo recordó ayer al declarar como testigo en el juicio oral por los crímenes cometidos en El Vesubio.

Bayer fue citado por la investigación que realizó sobre el caso Käsemann. Contó que durante la última dictadura se exilió en Alemania y allí recibía y difundía denuncias sobre los secuestros y desapariciones en la Argentina. Hay 72 alemanes víctimas del terrorismo de Estado, pero el asesinato de Elisabeth Käsemann tuvo fuertes repercusiones porque su padre era una persona muy conocida. Bayer hizo un documental sobre la joven que ofreció como prueba al tribunal: “Tiene valor histórico porque permite entrar en el clima de la época. Hay testimonios de gente que ya no está, como el padre de Elisabeth; hay testimonios de mujeres que estuvieron presas en El Vesubio que describen cómo se comportaba el jefe, (Pedro) Duran Sáenz. Cuentan cómo las mujeres fueron manoseadas y abusadas por los guardias y por el propio Duran Sáenz, que no sé si está acá...”.

Estaba. Y escuchaba desde su asiento. El jefe de El Vesubio está siendo juzgado junto a los represores Héctor Gamen, Hugo Pascarelli, José Maidana, Diego Chemes, Roberto Zeolitti, Ramón Erlan y Ricardo Martínez.

“Mi mejor testimonio está acá –dijo Bayer al mostrar una cajita con un CD que contenía su documental–; en historia no se puede mentir, si se miente, viene alguien con un documento y lo desmiente.” El escritor pidió que los jueces miraran la película y los abogados querellantes solicitaron que se proyectara en el momento, pero el tribunal dispuso analizar el reclamo y eventualmente pasarla en otra audiencia.

Bayer habló de la relación entre el gobierno alemán y la dictadura argentina. “Alemania tuvo un comportamiento nada democrático: venta de armas, dos submarinos...La respuesta del gobierno era que Alemania tenía que cuidar sus intereses económicos”, señaló. El columnista de Página/12 relató que fue invitado a un simposio para hablar sobre este tema, pero luego de que enviara su ponencia fue “desinvitado”. También se refirió al oficial del Ejército que atendía a los familiares de desaparecidos que iban a pedir ayuda a la embajada argentina en Buenos Aires. A principios de 1999, el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán reconoció la presencia de este agente, que se hacía llamar “mayor Peirano”, dentro de la sede diplomática. El 7 de marzo de ese año, Página/12 reveló que Peirano era en realidad Antonio Carlos Españadero, miembro del Batallón de Inteligencia 601. Fue el propio Españadero quien confirmó su identidad en diálogo con este diario.

Bayer dio nombres de personas que habían hablado en el documental sobre Elisabeth, como Elena Alfaro, sobreviviente de El Vesubio, y la pastora inglesa Diana Houston, que era compañera de casa de Käsemann y fue secuestrada unos días después y luego liberada. “La embajada inglesa la sacó en tres días. Ella escuchó cómo torturaban a Elisabeth en el primero de Infantería”, contó el escritor.

El 26 de mayo de 1977, dos meses y medio después del secuestro de Käsemann, el entonces general, Guillermo Suárez Mason informó públicamente de un “enfrentamiento” en el que murieron 16 personas, entre ellas cuatro mujeres. Una de ellas, “Isabella Kasermann”. “Llevaron su cadáver a la embajada alemana mucho después del secuestro. Excavaron en la tumba para quedar bien con la embajada alemana”, señalo Bayer. Un médico de la embajada alemana constató que el cuerpo era de Elisabeth. Una posterior autopsia estableció que fue asesinada con disparos por la espalda a muy corta distancia. “El pastor no podía comprender tanta ferocidad”, dijo Bayer, que pidió investigar el reclamo, de parte de un miembro del Ejército (podría ser Españadero, pero no está confirmado), de dinero para entregar el cuerpo. Al referirse a este hecho, uno de los abogados de la defensa lo definió como “el impuesto”.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Héctor Oesterheld fue obligado a dibujar una historieta cuando estuvo secuestrado en El Vesubio

El historietista Héctor Germán Oesterheld, secuestrado en abril de 1977 y desaparecido desde entonces, fue obligado en cautiverio a escribir y dibujar una tira sobre la vida del general José de San Martín, según reveló una sobreviviente del centro de detención ilegal El Vesubio en el juicio oral que se le sigue a ocho represores.

El célebre creador de "El Eternauta” recibió el encargo de realizar íntegramente la historieta sobre el Padre de la Patria del coronel Pedro Durán Saenz, reconocido ayer en la audiencia por la ex prisionera de ese centro durante la dictadura, Ana María Di Salvo.

"Oesterheld estaba muy golpeado, sobre todo en la cabeza”, evocó la mujer, que precisó que al historietista se lo veía trabajar en el comedor de la jefatura, donde permanecía habitualmente Duran Saenz, entonces mayor y jefe de inteligencia del Vesubio, ubicado en un predio del Servicio Penitenciario Federal en Camino de Cintura y Autopista Ricchieri.

Oesterheld, desaparecido junto a tres de sus cuatro hijas, era guionista de historietas y creador de personajes y tiras muy populares en los años 60 y 70.

Entre estos se cuentan El Eternauta, dibujada por Francisco Solano López, y el corresponsal de guerra Ernie Pyke, dibujada con la cara Oesterheld por Hugo Pratt.

Declarando ante el porteño Tribunal Oral Federal 4 (TOF4) Di Salvo no solo reconoció al ex militar sino a otros cuatro acusados presentes en la sala, todos ex agente penitenciarios encargados de la custodia y tormentos a los prisioneros.

Se trata de Roberto Carlos Zeoliti, que da nombre a la causa; José Nestor Maidana, Ricardo Néstor Martínez, y Ramón Antonio Erlán, acusados junto al tambien penitenciaio Diego Salvador Chemes y los coroneles retirados Héctor Humberto Gamen y Hugo Ildebrando Pascatelli por 156 delitos de lesa humanidad con 75 víctimas.

Los hechos del Vesubio ocurrieron entre abril de 1976 y septiembre del 1978, y en ese centro también también fueron vistos antes de desaparecer el escritor Haroldo Conti y el cineasta Raymundo Gleyser, entre otros.

El juicio se inició en febrero pasado y esta semana comenzarán los testimonios de unos 280 testigos ofrecidos por la querella, entre ellos 75 sobrevivientes.

martes, 18 de mayo de 2010

Jorge Watts, el primer testigo de la querella, fundió a los ocho represores procesados.

En la causa por los crímenes en El Vesubio, el primer testigo hundió a los 8 represores
En la causa Vesubio se investigan violaciones a los derechos humanos cometidas en el Centro Clandestino de Detención del mismo nombre.
EMILIO MARIN

En los tribunales federales de Comodoro Py 2002 se están desarrollando tres causas donde se ventilan delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar-cívica. Una es la de ESMA, que tiene sentados en el banquillo a represores de la Armada; otra es la llamada ABO (por los CCD de Atlético-Banco-Olimpo) y la tercera es la de Vesubio, que como la anterior tiene imputados a oficiales y suboficiales de actuación en eI I Cuerpo de Ejército durante la comandancia de Carlos G. Suárez Mason.
Por negligencia, ineficacia y complicidad de la justicia con los procesados por violaciones a los derechos humanos, las causas se demoraban. Y no sólo por artilugios de los letrados de la defensa. También por acumulación de las mismas en el Tribunal Oral Federal n° 5, que obviamente no daba abasto. A eso debe sumarse renuncias de miembros de los tribunales y hasta carencia de espacio físico.
La causa Vesubio fue instruida por el juez federal n°3, Daniel Rafecas y elevada a juicio con mucha antelación. Es una de las más antiguas y con más material probatorio, con una investigación a cargo de los sobrevivientes desde 1978 y de los organismos de derechos humanos. También es muy sólida porque empezó ya en los últimos años de la dictadura por parte del juez Carlos Oliveri, ya fallecido.
Es que el docente Paulino Guarido, que había sido secuestrado y liberado de El Vesubio, presentó un hábeas corpus por su mujer, que siguió detenida ilegalmente en ese lugar. Y Oliveri, a contramano de tantos jueces que rechazaron los hábeas corpus, tomó la denuncia del educador como puntapié inicial de la causa 35.040.
Inmediatamente después de la asunción de las autoridades constitucionales en diciembre de 1983, se inició una causa similar, la 1.800, en Morón, a cargo del juez Alfredo Ruiz Paz.
La elevación a juicio dispuesta por Rafecas iba a comenzar las audiencias el 15 de diciembre de 2009. Pero no pudo ser, porque una de las camaristas del TOF4, María Cristina San Martino, se acogió a la jubilación. Luego no había lugar físico, pues la sala estaba ocupada por la causa contra los marinos de la ESMA. Al final el juicio Vesubio arrancó el 26 de febrero último, contra el general Héctor Gamén, los coroneles Pedro A. Durán Sáenz y Hugo I. Pascarelli, y los agentes del Servicio Penitenciario Ramón A. Erlán, José N. Maidana, Roberto C. Zeoliti, Diego S. Chemes y Ricardo N. Martínez.
En lo único que no hubo cambios fue en la fiscalía, a cargo de Félix Crous. En cambio el TOF4 a principios de mayo sufrió otra renuncia, la del subrogante César Lemos. La Cámara de Casación nombró otro reemplazante, que se sumó a los camaristas que habían piloteado el juicio desde el vamos: Leopoldo O. Bruglia, Jorge L. Gorini y Pablo Bertuzzi.

La palabra de Watts.
Ayer fue un día clave porque comenzó la ronda de testimoniantes, luego de audiencias donde se leyeron los cargos por 156 casos de privaciones ilegítimas de la libertad, torturas y otros delitos (de donde resultaron 75 desaparecidos), y se escucharon descargos de los represores. Estos no aceptaron preguntas.
Con la voz de los sobrevivientes, la cosa toma más color e interés. Es que aquí, como en los demás juicios en marcha y en los ya concluidos, hay una sola parte que quiere esclarecer la verdad de lo sucedido. El otro bando, sin autocrítica, se empeña en negar la realidad y su propio rol en el drama que vivieron las personas que pasaron por el Centro Clandestino de Detención (por Vesubio, se estiman 2.500).
El primer testigo fue Jorge Watts, ex integrante de Vanguardia Comunista, quien estuvo 54 días secuestrado y torturado en ese CCD entre julio y septiembre de 1978. El habló en forma serena e ininterrumpida durante dos horas y media, hasta que el presidente del tribunal dispuso un cuarto intermedio, y reanudó su testimonio a primera hora de la tarde. En el Salón de Usos Múltiples del subsuelo, con los camaristas, el secretario Desimone, los procesados (ausente Pascarelli), sus defensores y los querellantes de un lado del blíndex, y del otro los familiares de las víctimas, el extenso testimonio fue seguido sin que volara una mosca. El cronista de LA ARENA estaba allí como cuando se inició el juicio, el 26 de febrero.
El primer lastimado por los dichos de Watts fue la empresa donde era operario al momento del secuestro: Bagley. Por razones de seguridad, contó que no había dado allí su domicilio real sino el de sus suegros. Y a este lugar fue a buscarlo la patota la noche anterior a su detención, sin que lo ubicaran. Lo levantaron al día siguiente en la fábrica. Fue obvio que los empresarios habían proporcionado la dirección, en un ejemplo que se suma a tantos otros reveladores de la complicidad y articulación entre empresas (Bagley, Renault, Ford, Acindar, Ledesma, etc) y los grupos de tareas.
El segundo y gran afectado por el testigo fue el Ejército de aquella época, en la representación de los ocho procesados. Es que el relato fue preciso en cuanto a la existencia del CCD a la vera del camino de Cintura y proximidades de avenida Ricchieri, del lado de La Matanza. Ídem su descripción de la Jefatura, Casa 2 (donde se torturaba a los prisioneros) y Casa 3 (donde se los alojaba en forma inhumana, engrillados a la pared), más la Sala Q ("Quebrados" o colaboradores).
Este dispositivo interno, con tres turnos de guardias a cual más sádica, se complementaba con guardias armados externos. Había dos líneas telefónicas: una conectada al Regimiento de Infantería 3 de Tablada y otra extensión de la línea del comisario de la policial Brigada de Caballería Güemes, ubicada al frente.
La jefatura de Vesubio fue ejercida por Durán Sáenz en 1977, proveniente del Regimiento 7 de La Plata, luego reemplazado por otro oficial de esa unidad apodado "El Francés", que resta identificar para que se siente en el banquillo de la causa "Vesubio II".

La calaña.
La catadura moral de los ahora procesados se deduce de las tremendas torturas que infringieron a sus víctimas. Las que eran mujeres en muchos casos eran violadas, como Watts imputó a Durán Sáenz. Al coronel, ascendido en el gobierno de Raúl Alfonsín, el declarante lo acusó de la desaparición del adolescente Pablo Miguens, de 14 años. "Pablito jugaba al ajedrez con Durán Sáenz, que lo entregó a la ESMA, de donde desapareció", sentenció. "Durán Sáenz ahora no me mira", aguijoneó Watts.
Los militares, integrantes del Regimiento 3 de Tablada, les decían a sus prisioneros que "estaban ganando la Tercera Guerra Mundial". Esas delirantes teorías podrían ubicarlos como seguidores de los generales Suárez Mason, Luciano B. Menéndez y Ramón Camps, quienes solían hacer declaraciones de ese tipo. En la sala de torturas había cruces esvásticas y la sigla CLA, Comando Libertadores de América, la forma como firmaba la Triple A en Córdoba.
Fue demoledora la acusación contra el Ejército, a partir de cómo liberaron a un grupo de 35 sobrevivientes entre los que estaba Watts. En todos los casos fueron llevados en camioneta a la puerta de dependencias militares: un grupo al Batallón de Logística 10 de Villa Martelli, otro al Grupo de Defensa Antiaérea de Ciudadela, otro al Regimiento 6 de Mercedes y el restante al Regimiento 7 de La Plata. La camioneta era la misma: dejaba abandonada su carga frente a la unidad castrense, encerrada con llave, con una declaración autoincriminante en el bolsillo de cada quien. Luego salía personal militar, los "descubría" y los ingresaba como detenidos "legales". La misma camioneta volvía a Vesubio y repetía el viaje con el siguiente lote a legalizar.
Watts había hablado con el mayor Hernán Tetzlaff dentro de El Vesubio y lo volvió a encontrar cuando fue ingresado al Batallón de Villa Martelli. Tetzlaff llevó esos sobrevivientes a la comisaría de Monte Grande y días después a la Unidad 9 de La Plata. Quedaba absolutamente claro de dónde dependía el CCD. Tetzlaff se apropió de Hilda Victoria Montenegro, hija de Hilda Torres y Roque O. Montenegro. Este apropiador de bebés fue condenado a sólo 8 años de prisión en agosto de 2001 y para entonces era coronel, ascendido por Alfonsín.
Risueño, Watts comentó que vio a un oficial del Ejército lucir una camisa suya sin estrenar, que le habían robado junto a otros bienes y juguetes de sus dos hijos.
Además de denunciar las desapariciones de los militantes de Vanguardia Comunista y la Unión de Estudiantes Secundarios, el sobreviviente contó que 12 hombres y 4 mujeres fueron sacados del CCD y llevados a una casa de Monte Grande, donde fraguaron una reunión "subversiva" y un enfrentamiento con las "fuerzas legales". Los 16 fueron asesinados.
Con testimonios como éste, se entiende la mezcla de desesperación y odio del general Gamén, quien murmuró en la audiencia del 9 de abril pasado: "al final tiene razón (Tigre) Acosta, habría que haberlos matado a todos".

jueves, 15 de abril de 2010

Cicatrizar Vesubios


Queridos amigos:

Como una forma más de difundir y apoyar el juicio a los represores de Vesubio mi querido compañero Jose Muchnik redacto el texto que adjunto.
La idea es que sea publicado en Página12 y en Miradas al Sur poco antes que yo declare. Voy a ser el primer testigo de los sobrevivientes del campo.
Si están de acuerdo con adherir al texto por favor envíen un mail poniendo en el asunto su nombre y apellido a: cicatrizarvesubio@gmail.com
El juicio comenzó el 26 de febrero y el 17 de marzo es la cuarta audiencia, hasta ahora se han leído las acusaciones a los ocho imputados, un general, dos coroneles y cinco guardias del Servicio Penitenciario Federal y todavía quedan algunas audiencias más de lectura. Luego viene la indagatoria a cada uno y después los testigos. Estimo que declararé en abril y que el juicio durará casi hasta fin de año.
Pretendemos que adhieran todos los organismos de derechos humanos, sindicatos, centros de estudiantes, entidades profesionales, artistas e intelectuales en general, profesionales y todos aquellos que apoyen esta lucha por la justicia y la memoria contra la impunidad.
Estoy a su disposición por cualquier consulta y desde ya muchas gracias.
Por supuesto se agradece la difusión entre sus amigos y conocidos.
Atentamente, Jorge Federico Watts


Cicatrizar Vesubios

La lava brotó arrasando humanidad, éticas, juventudes. Se agrietaron tierras, himnos, gargantas. Heridas a flor de historia en un país que duele bajo la piel. Cicatrices estremecidas a la menor llovizna, caricia, recuerdo. ¿Quién podía profetizarlo? Ni Discepolín en su tango más triste hubiera imaginado un genocidio argentino, palabra terrible, palabra machete, palabra picana, palabra crematorio, palabra difícil de integrar, de pronunciar, de figurar en nuestra historia: “aquí hubo un genocidio”. En este país tan bello, tan generoso, en este país de asados fraternales en el que juramos con gloria vivir, en este país en nombre de la gloria, bebés arrancados a sus madres al nacer, desapariciones y torturas, vuelos de la muerte arrojando vidas al mar. Pero ... la memoria no se hunde, no se diluye a golpes, no se esfuma en falsas cédulas de identidad, la memoria es torrente, no se detiene hasta encontrar sus propios labios, hasta pronunciar, esta mi madre, este mi padre, éste mi hermano, éstos los asesinos.

Y ahora cuesta mirarse, palparse el dolor ya maduro, mirar los juicios en primeras planas, jueces, dictámenes,banquillos de acusados, cuesta ver más allá de caras abultadas, arrugadas, inculpadas con treinta años a cuestas, y a fuerza de noticias y noticiosos las miradas se saturan, patinan sobre reflejos del horror para huir de los espejos implacables que nos dicen, este tu país, aquí sucedió lo innombrable, aquí .... Espejos que dicen a todos los humanos, en un país llamado Argentina, entre 1976 y 1983 existió una dictadura cívico militar que cometió un genocidio, que se propuso exterminar a la parte “impura” de la población, a los “zurdos de mierda”, fueran peronistas, marxistas, sindicalistas ... poco importaban sus orígenes o confesiones religiosas, cristianos, judíos o musulmanes, gallegos, japoneses, italianos, franceses ... había que extirpar del cuerpo social esas impurezas ... “negación del derecho de existencia a un grupo humano” ... ese es el mecanismo de base de los genocidios, grandes o pequeños, y así fue aquí, en esos años, en estas costas del Río de La Plata.

Nuestro Vesubio no es gloria ni orgullo, no es majestad volcánica velando ruinas de Pompeya, nuestro Vesubio una casona ya derrumbada en el camino de cintura, entre estampidas de coches y aviones amortiguando el eco de torturados alaridos. Nuestro Vesubio, chupadero, pozo, centro clandestino de detención ... eufemismos para no pronunciar lo impronunciable. ESMA, Olimpo, La Perla, Campito, Chalecito, Mansión Seré ... cientos de Vesubios en este país, cientos de cráteres eructando exterminio. ¿Para qué tantos juicios? exclaman algunos ¿Porqué no borrón y cuenta nueva? Ni esta ni ninguna sociedad podrían vivir mucho tiempo con heridas infectadas, hay que abrirlas y desinfectarlas para que Vesubios cicatricen.

Cicatrizar Vesubios, juzgar culpables, no por venganza, sí por justicia, no sólo por las víctimas, también por los culpables, para que las penas se cumplan y que las culpas se paguen
Cicatrizar Vesubios, para que la concordia nacional pueda germinar, no sobre heridas ocultas, sí sobre memorias abiertas.
Cicatrizar Vesubios, para los argentinos y para todos los humanos, para las víctimas de todas las masacres, armenios, judíos, camboyanos, rwandeses .... para decir que es posible algún día frenar la noria descargando odio ciego.

Por eso los adherentes a esta nota agradecen a todos los que han bregado a lo largo de estos años para que estos juicios sean posibles. A las asociaciones de madres, abuelas o hijos de desaparecidos, a los innumerables testigos y querellantes, algunos han pagado con su vida el testimonio, a los jueces que han consagrado su labor a desinfectar viejas heridas. Les agradecemos simplemente por ayudar a cicatrizar este país, para que se ponga de pie y camine nuevamente.

marzo 2010

martes, 13 de abril de 2010

Seguirá detenido un ex agente penitenciario acusado de más de 150 secuestros

13/04/2010 - Se trata de Néstor Norberto Cendón, que fuera detenido en febrero último por orden del juez Daniel Rafecas. La Cámara Federal confirmó el rechazo a su excarcelación. Está acusado de delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino “El Vesubio”

La Sala I de la Cámara en lo Criminal y Correccional Federal confirmó un fallo que rechazó la excarcelación de Néstor Norberto Cendón, un ex agente penitenciario acusado de más de 150 privaciones ilegítimas de la libertad, cometidas en el centro clandestino de detención “El Vesubio”, durante el último gobierno de facto.

Para el tribunal, “existen elementos concretos que hacen suponer que existen riesgos procesales que impedirían, de momento, conceder su excarcelación”.

Cendón se encuentra detenido desde el 12 de febrero último, cuando fuera arrestado en la localidad bonaerense de Villa Gesell, por orden del juez federal Daniel Rafecas.

Está imputado por 156 privaciones ilegales de la libertad y tormentos, en calidad de autor directo, en perjuicio de aquellas personas que permanecieron detenidas en el centro clandestino de detención denominado “El Vesubio”, en oportunidad en que se desempeñaba como suboficial de inteligencia del Servicio Penitenciario Federal, con el alias “Néstor Castro”.

Está acusado de actuar como guardia y como miembro de los grupos operativos que actuaron en el centro clandestino La Ponderosa, más tarde conocido como “Vesubio”. También se investiga su presunta participación como miembro del Grupo de Tareas 2 del Batallón de Inteligencia 601

martes, 9 de marzo de 2010

Causa Vesubio - 9/3/10

Continuarán mañana a las 15  las audiencias en el juicio por algunos crímenes cometidos en el centro clandestino de detención conocido como "El Vesubio".  El Tribunal Oral Federal en lo Criminal N° 4, que a su cargo el proceso contra ocho genocidas por 156 casos, proseguirá con la lectura de la acusación contra los represores.  El proceso se inició el pasado viernes 26 de febrero en los tribunales de Comodoro Py.

EL TRIBUNAL

Tras sufrir varias demoras, finalmente el proceso estará a cargo de los jueces que integran el TOF 4, hasta hace días encargado de juzgar la “tragedia” de LAPA.  El presidente del Tribunal es el magistrado Leopoldo Oscar Bruglia.
LOS GENOCIDAS

Estos serán los ocho represores que se sentarán en el banquillo:

-                Héctor Humberto Gamen, 84 años, general de brigada retirado.  Era segundo comandante de la Brigada de Infantería.  Imputado por 76 privaciones ilegales de la libertad (PIL) y tormentos así como por 16 homicidios.

-                Hugo Idelbrando Pascarelli, 81 años, coronel retirado.  Era el jefe del área militar 114, donde funcionaba Vesubio.  Imputado por 15 PIL y tormentos así como por 2 homicidios.

-                Pedro Alberto Durán Sáenz, 75 años, oficial de inteligencia de la Brigada.  Era el jefe del centro clandestino.  Se hacía llamar “Delta”.  Imputado por 63 PIL y tormentos así como por 14 homicidios.

-                Ramón Antonio Erlán, 65 años, penitenciario (R), alias “Pancho”.  Imputado por 140 PIL y tormentos.

-                José Néstor Maidana, 59 años, penitenciario (R),  alias “el Paraguayo”.  Imputado por 85 PIL y tormentos.

-                Roberto Carlos Zeoliti, 63 años, ex penitenciario, alias “Sapo”.  Imputado por 156 PIL y tormentos.

-                Diego Salvador Chemes, 57 años, ex penitenciario, alias “Polaco”.  Imputado por 156 PIL y tormentos.

-                Ricardo Néstor Martínez, ex penitenciario, alias “Pájaro”. Imputado por 156 PIL y tormentos.

ALGUNOS REPRESORES POR ALGUNAS VÍCTIMAS

En este juicio, estarán sólo ocho genocidas por crímenes cometidos contra 156 compañeros, aunque por el CCDTyE Vesubio pasaron otros cientos.  En diciembre de 2009, Justicia YA! aportó un listado de 200 víctimas que estuvieron secuestradas en ese campo de concentración indicando los testigos que lo prueban, así como una nómina de otros quince compañeros que también pasaron por ese centro clandestino y solicitó al juez Daniel Rafecas, a cargo de la instrucción, que tome medidas para probarlo.    Estos datos así como los nombres de los  58 represores que nunca fueron indagados por los crímenes cometidos en El Vesubio surgieron de los testimonios que integran la causa.

Justicia YA! entiende que esta forma de juzgamiento parcializado reproduce y es funcional a la impunidad y desdibuja la magnitud del exterminio perpetrado en este país.  Si no hubiese intención de perpetuar la impunidad de la que gozan, muchos más que ocho serían los represores que se sentarán  en los tribunales de Comodoro Py.

  EXIGIMOS JUICIO Y CONDENA A TODOS LOS GENOCIDAS POR TODOS LOS COMPAÑEROS.

  30 MIL COMPAÑEROS DETENIDOS- DESAPARECIDOS ¡PRESENTES!

lunes, 8 de marzo de 2010

Las garantías procesales benefician a los represores

Irina Santesteban (LA ARENA)

Algunos de los acusados por crímenes de lesa humanidad durante la última dictadura, llegan a los juicios gozando del beneficio de la excarcelación. Sin embargo, ningún defensor de la "mano dura" ha protestado por ello.

El viernes 26 comenzó en los Tribunales ubicados en la calle Comodoro Py, en la ciudad de Buenos Aires, el juicio por los delitos que se cometieron en el campo de concentración conocido como "El Vesubio". En el mismo están acusados ocho ex represores: el general Humberto Gamen, los coroneles Pedro Durán Sáenz y Hugo Pascarelli y los agentes penitenciarios Ramón Erlán, José Maidana, Roberto Zeolit, Diego Chemes y Ricardo Martínez.

Cual reflejo de las diferencias de clase que existen dentro de las filas del Ejército y las fuerzas de seguridad, los cinco penitenciarios ingresaron a la sala de audiencias con sus manos esposadas, de las que fueron liberados antes de tomar asiento.

Sin embargo, los tres jefes militares entraron con sus manos libres, impecablemente trajeados, como si fueran respetables señores mayores. Es que los tres gozan del beneficio de la excarcelación, por haber transcurrido los dos años que la ley procesal establece como límite de la prisión preventiva. Una garantía procesal que los impulsores de la "tolerancia cero" en la lucha contra el delito, han impugnado siempre como un "exceso de garantías" que beneficia a los delincuentes.

El Centro

El Vesubio fue uno de los más de 300 centros clandestinos de detención que funcionaron durante la dictadura videlista, está ubicado en el partido bonaerense de La Matanza, en Camino de Cintura y Autopista Richieri. Dependía del Primer Cuerpo de Ejército y en sus instalaciones fueron vistos secuestrados y aún figuran desaparecidos, el escritor Haroldo Conti, el cineasta Raimundo Gleyzer y el dibujante Héctor Oesterheld.

Aunque se calcula que fueron cerca de cuatro mil los detenidos que pasaron por ese campo, en este juicio se ventilarán los casos de 157, algunos de los cuales sobrevivieron al horror de la detención ilegal y las torturas y son parte de los más de 300 testigos que prestarán su declaración en las audiencias, que se estima se prolongarán hasta noviembre.

Además de las continuas dilaciones que plantean las defensas de los genocidas, los juicios por los crímenes de la dictadura, enfrentan varios otros problemas, entre ellos la falta de espacios adecuados para desarrollar las audiencias públicas.

En el enorme edificio de Comodoro Py 2002, en el barrio de Retiro, se utiliza la sala del subsuelo para tres juicios diferentes. Tres días a la semana, semana por medio, tienen lugar las audiencias por la mega-causa "Atlético - Banco- Olimpo", más conocida como ABO y donde se encuentran acusados quince ex represores, en su mayoría ex comisarios de la Policía Federal, algunos gendarmes y agentes de inteligencia militar.

Otros tres días a la semana, también semana de por medio, en la que no se ventila la causa anterior, se llevan a cabo las audiencias por la causa "ESMA", que comenzó en diciembre del año pasado y que tiene 19 acusados, entre ellos Alfredo Astiz, Jorge "Tigre" Acosta, el médico Carlos Octavio Capdevilla, Adolfo Donda, Antonio Pernías, Jorge Radice, Juan Carlos Rolón y Ricardo Cavallo.

Dudas

En esa misma sala, desde el pasado viernes 26 de febrero, también tienen lugar allí las audiencias de la causa "Vesubio" aunque hasta esta semana no se sabía cómo iba a continuar, por la falta de espacio adecuado.

El día del inicio de la audiencia, hubo que esperar a que se desocupe la sala y partieran los acusados de la causa "ESMA", quienes fueron repudiados con cánticos por los militantes que se encontraban en la puerta de Comodoro Py, mientras al interior de los Tribunales se acondicionaba rápidamente la sala de audiencias para comenzar, con una hora de retraso, con la lectura del requerimiento fiscal en la causa "Vesubio".

No fue el único retraso en esta causa, la renuncia al Tribunal Oral Federal Nº 4 (TOF 4), quien tiene a su cargo el juicio, de la magistrada María Cristina Sanmartino, ya había prorrogado el inicio de las audiencias previstas inicialmente para el 15 de diciembre del año pasado. Finalmente el Tribunal quedó conformado por el camarista Leopoldo Oscar Bruglia (presidente), Jorge Luciano Gorini y Pablo Bertuzzi, éste último miembro del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata.

El procesamiento con prisión preventiva de los imputados había sido dispuesto por el juez Daniel Rafecas el 23 de mayo de 2006, que analizó 16 homicidios agravados y 157 privaciones ilegales de la libertad en concurso real con imposición de tormentos. Un año después, el 10 de abril de 2007, la Cámara Federal confirmó dicho procesamiento y finalmente, luego de innumerables dilaciones, comunes a estos juicios, el 22 de julio de 2008 se dispuso la clausura parcial de la instrucción y su elevación a juicio oral y público.

Primera audiencia

La primera audiencia se prolongó por casi cuatro horas, y la lectura del extenso escrito de la Fiscalía fue seguida con atención por el público conformado por unas setenta personas, sentados detrás de un vidrio que los separaba de los miembros del Tribunal, imputados y abogados. Los presentes eran mayoritariamente familiares de las víctimas, ex detenidos del Vesubio y personalidades de los organismos de Derechos Humanos, como Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora; Jorge Watts, sobreviviente del Vesubio y uno de los principales testigos en la causa; María Eleonora Cristina y Mónica Cristina, hija y hermana de Roberto Cristina, secretario general de Vanguardia Comunista y desaparecido en "El Vesubio".

En la parte superior de la sala, se ubicaron los escasos familiares de los imputados, quienes formaron fila con el resto del público al momento de ingresar a la audiencia. Su porte militar y rostros adustos contrastaban con el bullanguero grupo de familiares y militantes, que expresaban su satisfacción por haber arribado a este juicio aunque con 32 años de demora.

La emoción y el llanto embargaron a algunas mujeres cuando el secretario del Tribunal leía sus nombres, cuyos casos figuran entre los 157 que juzgará este juicio, y que serán importantes testigos por haber sido detenidas ilegalmente y torturadas en ese campo de concentración.

Entre las víctimas del imputado Durán Sáenz, figura la pampeana Elena Alfaro, secuestrada embarazada en abril de 1977 y liberada en noviembre de ese año, actualmente residente en Francia. El padre de su hijo, el cordobés Luis Fabbri continúa desaparecido y también es uno de los casos que se juzgará en esta causa.