jueves, 7 de octubre de 2010

“A éste no hay que tocarlo porque es sobrino de un obispo”

Osvaldo tenía 17 años cuando lo secuestraron de su casa en Paraguay y Laprida. Eran los primeros meses de 1978. Osvaldo regresaba del colegio el día en que le pusieron un arma en la cabeza, lo esposaron, le vendaron los ojos y lo subieron a un camión en que “había más gente”, según declaró en la audiencia de hoy, ya que según él, “iban levantando a la gente de la zona”.

En el CCDT, contó que estaban “como animales”, tirados en el piso sin bañarse y orinando en una lata con los gritos de las torturados de fondo.

También hizo referencia al ensañamiento que existía sobre las personas con apellidos judíos.

El recuerdo del Mundial de Fútbol Argentina ‘78 estuvo presente a lo largo de todo su relato: “Los argentinos estaban de fiesta”, recordó Osvaldo y agregó que, para los detenidos, la época del mundial “fue terrible”.

También hizo referencia a la noche en la que se estaba festejando la victoria en el mundial y “se decidieron los traslados”. “La famosa noche que gana la Argentina, decidieron a quién legalizarían y a quién no” indicó.

También contó sobre su salida del CCDT y el proceso de legalización: regimiento militar, comisaría, cárceles y Consejo de Guerra.

Osvaldo detalló también sobre lo doloroso que le resultó su posterior exilio y atribuyó a su tío, obispo de la ciudad correntina de Goyael, el hechos de haber sobrevivido: “A éste no hay que tocarlo porque es sobrino de un obispo”, contó que escuchó decir a miembros de la patota. De acuerdo a sus apreciaciones, la intervención de monseñor Pío Laghi y la entrevista de su tío con Videla y otros militares fueron determinantes.

Las audiencias continuarán la semana que viene, los días lunes, martes y miércoles desde las 10 de la mañana.

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